Corría el año de 1930, cuando Hans Selye -a sus 20 años-, observó y diagnosticó las manifestaciones del estrés. Cursaba apenas el segundo año de medicina, pero aún así le fue posible determinar que todos los enfermos presentaban síntomas comunes: cansancio, alteraciones del apetito, baja de peso, astenia (debilidad física y psíquica). Lo llamó "Síndrome de estar enfermo". Consideró que varias enfermedades son ocasionadas por simples cambios fisiológicos (probablemente genéticos) que provocan estrés en los órganos. Después de varios experimentos, pudo comprobar que el síndrome, efectivamente, eleva las hormonas suprarrenales (ACTH, adrenalina y noradrenalina), disminuye la función linfática y presenta úlceras gástricas. A este conjunto de síntomas los denominó "estrés biológico". Determinó que no solamente los agentes físicos son nocivos para el organismo animal, sino que cualquier demanda de adaptación provoca en el hombre el trastorno del estrés. El estrés es un fenómeno de la vida. Un instinto de protección ante ciertas situaciones. Su condición perturba el cuerpo y sus funciones, el cerebro, los nervios, el corazón, el flujo sanguíneo, las hormonas, la digestión, el apetito… Hay quienes reaccionan sobrealimentando su cuerpo; otras personas dejan de sentir hambre. Pero todas se deprimen, se debilitan y sus defensas terminan “por los suelos”. Es importante concientizar que la ansiedad debe dirigirse hacia una vida sana: ejercicio, comida nutritiva y descanso. Ahí donde vamos a encontrar la habilidad de soportar y disminuir el estrés. Somos el resultado de una forma de vida. En el cuerpo existe una estrecha relación entre lo físico, lo somático, lo psicológico y lo intelectual. Las funciones orgánicas dependen de la salud física y biológica de nuestro cuerpo, de nuestro estado nutricional. Cuando las células se encuentran hambrientas por no recibir los elementos nutritivos indispensables, el organismo produce una carga de estrés. El método para combatirlo es a través de la nutrición, con una dieta rica en vitamina B, que ni escatime ni abuse del contenido calórico para evitar los efectos nocivos y la baja de defensas inmunológicas: brócoli, acelgas, espinacas, cereales integrales y leguminosas. Cabe mencionar que algunos alimentos estimulan el buen funcionamiento de las células nerviosas ayudando al organismo a mantenerse relajado: el plátano, las almendras, el germen de trigo, la levadura de cerveza y las semillas de girasol. También contamos con la ayuda de algunos remedios herbales ancestrales para fortalecer el sistema nervioso: azahar, tila, lechuga, valeriana, kava-kava, manzanilla y hierbabuena. Aunque es imposible establecer una receta general que prevenga el estrés, podemos alimentarnos sanamente… como un proceso preventivo.
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