“Espejito, espejito dime quién es la más…” PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Psic. Ana de la Macorra   
jueves, 03 de septiembre de 2009
Estar con amigas es una experiencia que ayuda a vivir mejor.
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Las relaciones de amistad y camaradería que se dan entre mujeres son vínculos estrechos y enriquecedores que nutren a las personas en varios niveles de su existencia. Unas a otras se escuchan, se acompañan, se divierten, se ayudan… Desde compartir una receta de cocina hasta el cocinar juntas la vida misma; la relación que se da entre ellas es origen de gran fortaleza, de grandes sonrisas, de disfrutar mucho de su estar y es fuente de gran poder.
Realmente, estar con amigas es una experiencia que ayuda a vivir mejor. No obstante, es muy común que se escuche a la gente decir lo contrario.
Se dice que las mujeres ven enemigos en todas las demás. Ahora, si bien esto puede ser cierto, no sólo aplica a las mujeres; la competencia se da también entre hombres, sólo que ellos lo manifiestan con diferente perfil. Todo apunta a señalar que la rivalidad es un comportamiento que se da entre humanos desde la infancia por querer preservar aquello que les da seguridad para la vida.
El instinto primordial humano es la supervivencia y mantener todo lo que sea vital para ello: físicamente, tener todas las necesidades básicas satisfechas; emocionalmente, se busca reconocimiento, cobijo, amor; y mentalmente, es importante confiar en sí misma/o y saberse buena persona. Si en el externo aparece algo que amenace con arrancar o alterar estas condiciones, lo que sea, la persona reacciona y, dependiendo del nivel de amenaza, generalmente lo hace agresivamente o corriendo y huyendo de la situación.
Durante la infancia surgen las primeras conductas de rivalidad: los hijos e hijas compiten entre ellos por el afecto y el cuidado de sus padres. El objeto u objetos por competir irán cambiando conforme el individuo vaya creciendo y sus necesidades vayan cambiando con el desarrollo.
La mayoría de personas crece con carencias, sobre todo de amor y reconocimiento; esto resulta en autoestimas sumamente bajas y en creencias falsas de que entre más dinero, prestigio, parejas, diplomas, etcétera, etcétera, se adquiere valor también. Esto representa una honda y destructiva inseguridad, que es la base idónea para vivir comparándose con todos y todas, y prestos a competir…
Entre las personas del género femenino, el pique puede ir desde lo más banal, como tener mejor cuerpo, hasta situaciones de valor profundo, como es defender su dignidad e integridad como ser humano. Sin embargo, la que más se acostumbra es la de competir por los hombres y esto, de profundo… pues no tiene más que la estupidez. Es, sobre todo, en este ámbito que todas las otras mujeres se convierten en amenazas continuas y la rivalidad se establece como deporte… aunque no se gane nada.
Lo más común es que se abandonen, se traicionen, mal hablen, desprestigien a sus congéneres… con tal de quedar bien ante un hombre. Se observan, revisan, planean cómo mejorar, hacer o decir como la que les resulta amenazante y bueno… ¿qué puedo escribir aquí que no conozcamos todas, porque lo hemos vivido o padecido?
La buenísima noticia es que esto está cambiando y es súper afortunado, ya que las mujeres perdemos nuestro poder al separarnos de las demás, sobre todo al querer destruir a alguna. Dejemos ya de hacernos daño al querer lo que la otra tiene. Mejor bailemos en su honor. Asómate al espejo y verás a todas las mujeres que han existido y las que lo harán. Dales aceptación. Entre más unión y respeto hay entre las mujeres, más fuerza, alegría y amor vamos generando para el mundo y su humanidad.

DESTACADO 2
Lo más común es que se abandonen, se traicionen, mal hablen, desprestigien a sus congéneres con tal de quedar bien ante un hombre. Se observan, revisan, planean cómo mejorar, hacer o decir como la que les resulta amenazante y bueno… ¿qué puedo escribir aquí que no conozcamos todas, porque lo hemos vivido o padecido?

Ejercicio de visualización en 5 pasos:

1.    En un lugar cómodo y en silencio, con los ojos cerrados, haz cinco respiraciones profundas, exhalando toda la tensión.
2.    Trae a tu mente las veces que te sentiste “menos” que otra mujer: una amiga, tu mamá, una hermana, una actriz.
3.    Identifica por qué te sentiste mal. Revisa cuántas veces te has sentido así. Sé honesta, se trata de liberarte.
4.    Recuerda el sentimiento contra esa persona, déjalo ir y perdónate por ello, pero perdónate más por haberte hecho daño con tal creencia.
5.    Libera lo que antes te hizo daño, reconoce el valor de tu Ser. Respira en paz y siente cómo te puedes ver en todas las mujeres y sonreír con ellas. Abre los ojos cuando quieras.

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