En medio de una de las peores crisis financieras globales, Las Vegas decidió aumentar su talla mediante un implante de casi 2 billones de dólares. El nuevo Palazzo hará ver a la ciudad como una irresistible diva corregida y aumentada.
¿Es Las Vegas una ciudad de apostadores o una ciudad para apostadores?
Recordemos un pequeño incidente: en 2006, el famoso magnate hotelero Steve Wynn, quién pago la friolera de $42 millones de dólares por uno de los cuadros más feos de Picasso (La Reve, o El Sueño) accidentalmente lo perforó con su copa mientras lo mostraba efusivamente a un grupo de amigos. Como buen apostador, trató de engañar a la compañía de seguros, quien se negó a pagar y luego, mediante una restauración que costo $90,000 dólares trató de venderlo infructuosamente por $132 millones. Wynn habrá perdido dinero con su “Sueño” perforado, pero ese mismo año empezaron las negociaciones para abrir uno más de sus hoteles al otro lado del Océano Pacífico, en Macao. Esta ciudad China ya rebasó oficialmente las utilidades que hasta hace unos meses eran el monopolio absoluto de Las Vegas. Sin embargo no olvidemos que Macao es, en realidad, una sucursal de los grandes casinos y hoteles veganos. Por tanto, no sólo ha crecido mediante implantes en casa, sino que se ha clonado en el exterior. Si esto no es un espejismo, estamos entonces ante los magos mismos de la reinvención. Y como bien dicen los chinos: las crisis no son otra cosa que oportunidades.
Nuestra Señora de Las Vegas
Con este irreverente apodo se le conoce a la réplica de la estatua de la libertad, apostada como amenidad monumental en El Strip. Y es aquí donde muchos presentan sus respetos y aspiraciones antes de enfilarse a las mesas de juego, después de todo, qué es este monumento sino un símbolo del sueño americano. Con buena suerte, los afortunados saldrán del casino en una enorme limosina y asomándose por el quemacocos, con copa de champán en mano brindarán por todo lo que sólo aquí, parece perfectamente posible. Jugar o no jugar es sólo cuestión de un simple rito de iniciación que empieza en las tragamonedas y termina en la ruleta. Ganar o perder se reduce a la famosa frase: lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas, especialmente el dinero, después de todo, esta ciudad no es un piso de remates sino una meca de excesos perfectamente calculados. El visitante sensato no viene aquí con la ilusión de ganar dinero para llevar a casa, sino a vivir la burbuja de una urbe dedicada exclusivamente a todos los placeres imaginables.
La comida es uno de sus grandes lujos y excesos porque en ninguna otra ciudad se concentran tantas cocinas de todo el mundo como aquí. Y pueden estar seguros que las sucursales de famosos restaurantes son mejores aquí que en sus lugares de origen, simplemente por los volúmenes que manejan.
Hoyos negros y hoyos blancos
Para que un engranaje tan sofisticado como Las Vegas funcione, requiere de un flujo masivo y constante de visitantes. Y esto no siempre ha sido fácil, quizá porque la ciudad creció en terrenos tan inhóspitos que nadie los quería. Como un hoyo negro en el espacio, donde la fuerza de gravedad es tan grande que puede atraer eventualmente hasta los mas distantes objetos, Las Vegas sabe que cuando el flujo de visitantes empieza a adelgazar es momento de crecer para que su fuerza de atracción llegue aún más lejos. Macao no es como Las Vegas. Si vemos un mapa de China, localizamos la ciudad y le ponemos un alfiler rojo, luego marcamos círculos concéntricos en su entorno y descubrimos que a menos de tres horas por carretera hay ciudades que en total suman más de 100 millones de habitantes y si extendemos los círculos al equivalente de tres horas de vuelo, la población cercana a los casinos rebasa el billón de personas. Si el modelo de hoyo negro que funciona para Las Vegas se replica en Macao, una barbaridad de nuevos ricos asiáticos será eventualmente atraída hasta el epicentro del juego y todos esos deslumbrantes dividendos fluirán a velocidad electrónica hasta las mismas arcas de la cultura madre en el desierto de Nevada. ¿No es fantástico? Las Vegas es un fenómeno del siglo XXI que rompe todos los estándares de tamaño, supera hasta las más pesimistas predicciones y lejos de ser el hoyo negro que muchos dicen, es el punto blanco más luminoso del planeta, el verdadero sueño americano, cualquiera que sea su interpretación.
Nota:
El mejor momento para ir a Las Vegas es: siempre. Siempre y cuando no tengan necesidades económicas y estén dispuestos a disfrutar la burbuja del exceso.
*El autor es narrador de “La Imagen del Mundo”
en el programa de radio ¡Qué tal, Fernanda!
IMAGEN 90.5 FM a las 11:30 am de lunes a viernes.