Terminando las fiestas ahora sí me pongo a dieta. Segurito este mes dejo de fumar. Yo iré al gimnasio. Empezando el año dejo de beber. Prometo levantarme en cuanto suene el despertador. A partir de enero me pongo a limpiar y ordenar la casa. Pagaré mis deudas. Me propongo llegar puntual al trabajo. Pasando las fiestas me divorcio. Mañana regreso el libro. Después de reyes voy al dentista, al ginecólogo, termino mi tesis, busco chamba, pago las tarjetas, limpio el coche, bla bla bla… Diariamente, pero muy en especial al comenzar un nuevo ciclo, ya sea porque comienza otro año (¿qué tal los famosos propósitos de año nuevo?) o una nueva semana (¿qué tal las dietas cada lunes?), casi todas las personas hacen compromisos que por lo general olvidan y no cumplen. Éstos se van quedando como pendientes pero, sobre todo, como pequeñitas -o grandes- fallas que la persona no siente mucho, pero que, a nivel inconsciente se van “archivando” como pequeños fracasos que restan autoestima y fuerza. La persona que no cumple sus acuerdos se falla a sí misma.
Un compromiso con alguien más o contigo misma, es un contrato con el que adquieres responsabilidades. Es una obligación que se adquiere a través de la palabra dada. Esto último es muy importante de anotar: la palabra que da una persona va cargada de su propia energía y adquiere tintes sagrados. Quien no cumple lo que dice, se va devaluando ante sí misma. Miguel Ruiz, escritor y chamán basado en la sabiduría tolteca, habla justo de la gran importancia que tiene el usar la palabra de manera impecable, ya que dice que los vocablos poseen una gran fuerza creadora. Así que si un “quiero bajar 8 kilos, mañana me pongo a dieta” dura dos días y sólo se baja un kilo y medio… la fuerza de quien emite ese acuerdo se va de vacaciones. Y entre más acuerdos se incumplan, más se diluye la fuerza… tanto, que después de un tiempo, ni siquiera manteniendo la dieta la persona bajará de peso. Pasa como en el cuento de “Pedro y el lobo”. Ya sea que digas tus propósitos en voz alta o en silencio, tú las escuchas, tú las emites, así que ¡cúmplelas para ti! Sé fiel contigo misma. Es básico en la vida serlo y tomarte como la persona más importante. Si por alguna razón hay compromisos que ya no deseas cumplir, lo mejor es que de manera consciente, los canceles y te permitas reconocer que ya no son necesarios y los deshagas. Si el acuerdo era con alguien más, puedes comunicarle tu cambio. Es válido cambiar, lo que no es válido es hacer como que no pasa nada con los acuerdos “olvidados”. El inconsciente de la gente no olvida y sí resta fuerza. Alguien que siempre cumple sus compromisos es una persona fuerte y sólida que por lo general logra lo que se propone y es exitosa.
Ejercicio de reflexión
1. ¿Te has identificado con alguna de las “afirmaciones” al principio de este artículo? ¿Con cuáles? ¿Qué otros acuerdos te has dicho? 2. Revisa cada una y respóndete si la has cumplido para ti. 3. Si tienes alguna pendiente por completar, ¿qué de ti misma o de tu personalidad te ha impedido cumplirlas? 4. ¿Qué tanto peso le das a tus palabras? ¿Te das cuenta de su importancia? 5. Toma una respiración profunda y relájate… ¿Qué quieres cumplirte de los propósitos que se han quedado en el aire? Regálate la oportunidad de fortalecer tu interior.