Ranchero y citadino, cantante de vernáculo y de pop, apasionado y romántico, polémico y reservado… El Potrillo es hombre de contrastes y contradicciones. En esta entrevista, conócelo un poco más.
Alejandro, ¿con qué te identificas más, con el pop o con la música vernácula? Las dos cosas me gustan por igual. Me gusta mucho la música y el poder haber explorado el lado del pop. Me fascinó, me enganchó y me abrió muchísimas puertas, sobre todo internacionalmente, porque la música mexicana es limitada a ciertos lugares, sobre todo por proyección, para poderse tocar en estaciones de radio y colocarla en primeros lugares. A mí no me iba mal, pero no era lo que quería; entonces con el pop se hizo el milagro y, bueno, definitivamente me va muy bien con los dos. Me gusta mucho lo que estamos haciendo dentro del pop, porque lo hemos acercado a una balada muy mexicana, metiéndole algunos instrumentos clásicos y tradicionales del mundo del ranchero. Pero, definitivamente si me preguntas con qué me quedo, con mi base mexicana. La música mexicana me jala muchísimo, mis tradiciones. La forma de interpretar es totalmente diferente, es muy apasionada, y yo soy una persona muy apasionada, así que creo que me quedaría con lo mío, con lo ranchero.
Cuando estás en la regadera, ¿qué tarareas? De todo, sí, pero no te podría explicar la felicidad y cómo se me llena el corazón cuando me presento en algún concierto fuera de mi país, o en el mismo México, cuando hago mis presentaciones de “Los dos mundos”, primero el pop y luego el ranchero. Se te eriza la piel de cómo la gente reacciona cuando sacas al mariachi o salgo vestido de charro.
¿Por qué sacar dos discos juntos? Por que siempre era una pregunta que nos hacíamos, que se convertía en un dolor de cabeza: decidirnos por que género. Sobre todo en la otra casa disquera me apoyaban más con lo pop por lo mismo. Ya tenía entre 8 y 10 años sin sacar material de ranchero y la gente ya me lo estaba exigiendo y ya me urgía sacar un disco ranchero; así que, qué mejor forma que regresar bajo del brazo y la cobija de este gran compositor y ahora productor Joan Sebastian. Tener a Joan Sebastián por el lado ranchero y Aureo Baqueiro con el pop y tu voz es una garantía, ¿no? Con Aureo he hecho los últimos materiales discográficos y además de que lo considero uno de los mejores productores que hay en Latinoamérica, creo que es una persona que siempre está tratando de evolucionar. Lo veo muchísimo en Los Ángeles y tenemos una gran amistad; eso me ha dado la confianza de hablar y poderle decir si algo no me gusta. Te da la confianza de preguntar y de escuchar; se trabaja muy bien con Aureo, tengo una conexión muy fuerte con él.
En todo el proceso, desde el elegir las canciones, hasta los conciertos, ¿qué parte es la que disfrutas más? Los conciertos y meterme al estudio a grabar. El proceso de estar escuchando las canciones también, pero es un poco tedioso. Normalmente en cada proyecto escuchamos cerca de 500 canciones, pero no puedes dejar pasar una canción que te regalen porque igual puede ser el hit número uno. Así pasó con “Quien pierde una estrella”; nadie conocía al compositor, él llegó solo, me tocó la puerta del camerino en una presentación en un palenque, llegó y me dijo: “Te traigo estas canciones para que las escuches”. Así salió Humberto Estrada; me gustó la canción y ahora ya es casi un clásico de la música mexicana. A raíz de esa experiencia no he dejado de escuchar todos los materiales que me llegan.
¿Qué ingredientes buscas en una canción? Que me motiven, que me lleguen al corazón, que se me erice la piel, que me haga sentir algún sentimiento identificable, desde sentir maripositas en el estómago, hasta sentir que se me apachurra el corazón o sacarme las lágrimas.
¿Cuál es la peor parte de ser Alejandro Fernández? No tiene (risas). Yo creo que podría ser la pérdida de privacidad, pero es obvio que es una consecuencia del éxito. Si crees que vas tener éxito, lo vas visualizando, lo vas contemplando a futuro, tarde que temprano. Si te va bien, vas a perder esa parte y yo lo vi con mi padre; no era totalmente ajeno.
Me gustó mucho que hayas convocado al concierto para promover el turismo en Vallarta. Fue exitosísima. David Bisbal y María José me dijeron que estuvo increíble y que los recibieron muy cálidamente… Nosotros estuvimos muy agradecidos por el apoyo que nos dieron también los artistas. Lo queríamos hacer por México, pero también por Jalisco, porque lejos de que el turismo internacional no viniera, tampoco el nacional lo hacía; todo el mundo estaba encerrado. Lo que queríamos era quitar esa nube negra, ese miedo y que la gente empezara a agarrar un poquito de confianza; que viera que si se podía salir a la calle y hacer una vida normal. Y bueno, a todos los artistas que vinieron no vamos a tener con que pagárselos; creo que Jalisco y en todo el país debemos estar bien agradecidos porque vinieron sin ningún interés, ni cobrando un solo peso.
Recibir tanto de la vida, ¿te compromete a dar? Por supuesto. A la hora de ser una figura te comprometes socialmente con todo el público… y sí, es regresarle un poquito de lo mucho que me ha dado.
¿Cuáles han sido las causas o personas que más te comprometen? Siempre he tratado de ayudar a quienes tienen fundaciones para ayudar a causas nobles, casas hogares, ancianos, mujeres maltratadas o niños con cáncer; todo ese tipo de labor social me gusta apoyar. Creo que hay un Dios que todo lo ve y todo lo que haces se regresa por siete.
¿Cuál es tu sueño para el 2010? Estar con salud al lado de mi familia; estar tiempo de calidad con mis hijos. Profesionalmente, será un año muy importante porque prácticamente se lanza este proyecto, “Mis dos mundos”, y en abril o mayo empezaremos a preparar la gira internacional.