Catalina de Médicis PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Eduardo Hernández   
viernes, 01 de enero de 2010
Ser o tener una suegra así…
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Catalina de Médicis, advenediza italiana, llenó de terror la monarquía francesa de mediados del siglo XVI, encabezando el conflicto religioso más cruento de Europa, colocándola como una de las parientes políticas más sanguinarias de la historia.

Heredera de la tradición de familias italianas poderosas, los Médicis de Florencia aparecen en la historia por su relación con el Vaticano a través de dos pontífices… y por Catalina de Médicis, una mujer controladora que, a través de la intriga y las ciencias ocultas, supo asumir el poder en un país extranjero, engendrando diez hijos, tres de los cuales fueron reyes de Francia. Catalina protagonizó uno de los episodios más sangrientos de las guerras entre católicos y protestantes. No fue gratuito que coleccionara apelativos que la señalan como una mujer aborrecida por un pueblo que también le temía. He aquí la historia de alguien que de seguro no quisieras tener, ya no digamos de suegra… ¡ni siquiera de familiar muy lejano!
Caterina Maria Romula di Lorenzo de’ Médici nació en Florencia el 13 de abril de 1519, fue hija única de Madeleine De la Tour d’ Auvergne y Lorenzo II de Médici, Duque de Urbino, quienes murieron pocos días después de traerla al mundo, ella a causa de fiebre puerperal y él, debido a la sífilis. Entre los objetos más apreciados de él se encontraba un ejemplar autografiado de El Príncipe, obra de Nicolás Maquiavelo, quien posteriormente resultaría determinante en la vida de Catalina, pues de él aprendería, entre otras cosas, la importancia de sonreírle al enemigo.
Tras la muerte de sus padres, fue criada por su tío Julio de Médicis, quien más tarde se convertiría en el segundo Papa de la familia (Clemente II), de ahí que su educación se haya caracterizado por normas estrictas y castigos severos. ¿Un ejemplo? El envenenamiento de sus perros por mala conducta, que fue obligada a presenciar cuando tenía seis años. Su carácter se forjó taciturno y sumiso y con el tiempo se transformaría en frío y calculador. Ese fue, tal vez, su primer contacto con el veneno, elemento con el que se le relacionaría en distintos episodios de su vida.
Aunque Catalina no era guapa, destacaba por su cultura, legado de su bisabuelo Lorenzo de Médicis (mejor conocido como “El Magnífico”), quien fue mecenas de artistas como Boticelli, Da Vinci y Miguel Ángel, por lo que es considerado uno de los “padrinos” del Renacimiento, tradición familiar que continuarían su tío, el Papa León X, y ella misma, quien puso su interés en temas como la nigromancia, el conocimiento de los tóxicos, los perfumes y la adivinación, por lo que, ya en el trono de Francia se volvió protectora del profeta francés Michel de Notredame (Nostradamus), entre otros.

Su entrada a la corte
A los 14 años de edad se unió en matrimonio a Enrique de Valois (posteriormente Enrique II), hermano de Francisco, heredero de la corona francesa, de quien estuvo enamorada desde un principio. A pesar de no agradar a su familia política por su origen burgués, poseía una de las dotes más codiciadas de Europa, lo que resultaba apetecible a la monarquía gala, considerando el deterioro de sus finanzas. Por medio de la astucia que la caracterizó, la florentina se ganó el aprecio de su suegro, Francisco I, quien era un admirador del refinamiento italiano y lograba con esta unión una  alianza con el pontífice Clemente VII.
Tres años después de su entrada a la casa real, Catalina se vio involucrada en el primero de los muchos escándalos que la rodearían: luego de jugar tenis, su cuñado Francisco muere tras beber agua y, a pesar de que las sospechas recayeron en ella, no se le pudo comprobar nada. El líquido era una composición de agua y mercurio, sustancia bastante conocida en Italia. Fue así como Enrique y ella subieron al trono de Francia en 1547.
Con este hecho, lejos de ganarse el aprecio de su esposo -quien sentía un gran cariño por su hermano-, generó un mayor distanciamiento entre ambos. Ya para entonces Enrique II sostenía una relación amorosa con Diana de Poitiers, antigua concubina de su padre, que se distinguía por su belleza. Aunque 20 años mayor que él, lograba ejercer su influencia en la alcoba como consejera, negociadora de  beneficios, cargos y rentas, hasta la muerte de su amante.
Relegada por su marido y rechazada por los cortesanos (la llamaban despectivamente “La extranjera”), trató de paliar la soledad con la compañía de sus coterráneos, especialistas en las artes ocultas que tanto adoraba; de hecho, se rumoreaba que con la ayuda de ellos había dado muerte a  Francisco. Durante esta época empezó a acuñarse la imagen de esa reina macabra vestida de negro, que caminaba por los pasillos del Louvre, pues arrastró luto permanente por un marido que nunca la amó.  
El desprecio social generó en ella un odio callado que se convertiría en un afán desmedido de poder. Sin embargo, las circunstancias no le eran propicias, pues no habiendo intimidad con Enrique, peligraba su estancia en la corte y la supervivencia de la dinastía Valois Angoulême; de ahí que, haciendo uso de filtros y sortilegios, en 1544 tendría al primero de diez hijos, cinco de los cuales, según los augurios de Nostradamus, se sentarían en tronos europeos; ellos fueron Francisco II, Isabel, Carlos IX, Enrique III y Margarita.
Un apoyo fundamental para concretar tal empresa fue el proporcionado… ¡sí!, por su rival de amores, Diana de Poitiers, quien al sospechar la esterilidad de la reina, le envío a sus médicos y -muy a su pesar-, al hombre que compartían, en aras de concebir un heredero… lo cual, finalmente, le retribuyó fructíferos dividendos al tener mayor participación en las decisiones del poder, situación que Catalina aceptó tácitamente como una deuda de honor, estableciendo una distancia prudente a cambio de que, al menos en el trato, el rey la mantuviera a ella por encima.
Esta relación se mantuvo hasta 1559, año en que una muerte espeluznante alcanzó al monarca: durante los festejos por la boda de su hija Isabel con Felipe II, rey de España, Enrique II participó en los torneos y, en forma accidental, el conde de Montgomery le clavó una astilla de su lanza en el ojo. Murió luego de sufrir durante más de 10 días, aspecto que describió con antelación Nostradamus en sus Centurias.

La reina y las guerras religiosas
Las cosas empezaron a cambiar en la corte francesa, pues Catalina pretendía quedar al frente del poder por medio de su hijo Francisco II, de tan sólo 16 años, y de inmediato retiró de manera “sutil” sus beneficios a Diana de Poitiers. Por otro lado, reinstauró la tolerancia hacia los herejes y los brujos, perseguidos y quemados en la hoguera durante el reinado de Enrique II.
Obtener información para manipular o extorsionar era una de las tácticas de Madame Serpiente, por lo que se hizo del servicio de un grupo de 150 damas de honor, mejor conocido como “El escuadrón volante de la reina”, quienes en su carácter de expertas en las artes sexuales, se daban a la tarea de atender a los señores de la nobleza y, a través de la seducción, obtenían información cuando no hasta los envenenaban. Ella, a cambio de esos servicios, las colocaba en matrimonios convenientes y con una dote nada despreciable. Así obtuvo los elementos mediante las cuales pudo manejar, desde distintas trincheras, el destino de Francia.

Una madre temible
Su primogénito, Francisco II, sufrió -igual que sus otros hermanos- su mano férrea y despótica. Comprometido desde los cinco años con María Estuardo, reina de Escocia, prefirió aceptar la influencia directa de ella y de sus tíos los Guisa, partidarios de la represión contra los protestantes. Además, debido a su debilidad física y psíquica, fue incapaz de poner orden en los disturbios religiosos que empezaron a manifestarse en su efímero paso de un año por el poder. Mientras tanto, Catalina observaba desde lejos, llenándose de odio hacia quienes la pusieron en contra de su hijo, quien luego de una meningitis tuberculosa, perdería la vida en diciembre de 1560, dejando como su sucesor al trono a su hermano Carlos IX, quien apenas contaba con 10 años.
Catalina fue nombrada regente de Francia, puesto en el que reveló su capacidad para el ejercicio del poder al convertirse en el centro de la política europea de la época. Durante esta etapa nace su leyenda, destacando su falta de escrúpulos, el carácter intrigante y una serie interminable de seducciones y asesinatos que caracterizaron su gobierno. Sin embargo, también mantiene equilibrio, tolerancia y la unidad en un país dividido por las diferencias religiosas, manifiestas a partir de 1562, año de sangrientos combates entre católicos y hugonotes (protestantes de doctrina calvinista). Teniendo que tomar una posición, la reina se puso en el bando católico y propició la persecución de los hugonotes, pero un año después firmó el Edicto de Amboise, mediante el que proclamaba tolerancia religiosa, esfuerzo de conciliación que repetiría por conveniencia, pues aunque contrarios a sus ideas, necesitaba a los protestantes como aliados frente a España.
En ese contexto, Carlos IX llegó a la mayoría de edad y fue proclamado rey; a falta de una imagen paterna, empezó a recibir una influencia determinante de Gaspar de Coligny, miembro destacado de los hugonotes, quien lo indujo a declararle la guerra a su cuñado, Felipe II, rey de España, situación a la que se oponía rotundamente Catalina, por prever un desastre para el reino francés.
Por otro lado, Catalina planeó una alianza con Enrique, rey de Navarra, al casarlo con su hija Margarita. Previo a la boda y como para teñirla de rojo, otro de sus colores favoritos, se dice que Catalina envió a su consuegra, Juana de Albret, un cofrecito con varios pares de guantes, a los que se había bañado en su interior con capas sucesivas de pegamento, vidrio molido… ¡y veneno! Así libró a su hija del “tormento” de tener una suegra, pues la reina no llegó viva a la boda de su hijo.

Una boda, una matanza
Consternada por los acontecimientos, pero, sobre todo por la influencia que Coligny ejercía sobre su hijo, trató de asesinar a su oponente. Fracasó en un primer intento y ante una posible reacción, decidió adelantarse mediante un plan maquiavélico: con objeto de promover una matanza de protestantes y cortar de tajo con las hostilidades, informó al rey que éstos trataban de asesinarlo tras la boda de su hermana Margarita de Valois con Enrique de Navarra, tratando de generar un clima de especulaciones; a esta intriga se sumaron el duque de Guisa y Enrique, duque de Anjou, posteriormente Enrique III, el hijo consentido de la Médicis.
Como resultado de toda esta conjura orquestada por su madre, el rey ordenó el asesinato masivo de protestantes la noche del 24 de agosto de 1572, mejor conocida como “la matanza de la noche de San Bartolomé”, en la cual murieron en París más de 3,000 hugonotes, incluido Coligny, además de los que fueron perseguidos los días posteriores. Carlos IX muere a los 24 años tras ocho de gobierno, debido a una equivocación de la italiana, pues con el propósito de asesinar a su yerno, a quien viejos designios señalaban como futuro rey de Francia, envenenó las hojas de un libro de cetrería que presuntamente debía hojear él… pero la obra llegó a las manos de su hijo, el rey, quien resultó envenenado, lo que le causaría una muerte lenta y cruel, entre escalofríos y sudoraciones sanguinolentas.

Tras aquel fallecimiento, las intrigas políticas de la reina madre por fin lograrían poner en el trono a  Enrique III, su hijo predilecto, quien fue coronado monarca en Polonia al mismo tiempo que en Francia, pero las cosas no resultaron como Catalina imaginó: su benjamín homosexual y escandaloso, que gustaba de pasearse junto con sus amantes vestido de mujer por las calles de París, no la consideró en lo más mínimo (excepto porque ambos murieron el mismo año) y  prácticamente echó a perder su obra, sucediéndolo en el trono, el no deseado Enrique IV, protestante de la familia Borbón, con lo que todos los esfuerzos de Madame Serpiente para que sus hijos mantuvieran el trono resultaron inútiles. Fue esposa de un rey y madre de tres más, pero ninguno de estos últimos dejó herederos, así que el destino, al final, le jugó una broma macabra. El hecho es que todos sus pócimas y nigromancias resultaron estériles, como sus hijos, al no tener descendencia que garantizara su dinastía, lo cual sugiere… ¿habrá sido parte de un precio, o acaso una herencia maldita?

Datos relevantes:
•    Inventó la manera de andar a caballo estilo amazona.
•    Inventó el corsé.
•    Refinó la corte francesa a través del uso del tenedor.
•    Introdujo los macarrones, las espinacas, las cebollas y el helado a los banquetes de la corte.
•    Coleccionó espejos venecianos (en uno de ellos, decían, se podía ver el futuro de Francia).
•    Dispuso la construcción del Jardín de las Tullerías, que es la única parte del castillo del mismo nombre que ha sobrevivido hasta nuestros días.
•    Jean Nicot fue el galeno que curó a Catalina de Médicis, a través de hacerla aspirar tabaco, de sus constantes migrañas, inmortalizando así su nombre en la palabra nicotina.

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