Si me pasa algo bueno, fue la suerte; si me pasa algo malo, fue la suerte.
Si alguien en esta vida puede tener la autoestima más alta, es la suerte. Ella puede asumirse, sin duda, como otro dios; tanto así que, para quienes le rinden tributo, vivir o morir puede depender de su intercesión; ser rico o pobre sólo es cuestión de contar con su amistad; conseguir o no el amor ideal debe tener su aval. Es tal su fuerza que tiene esclavos voluntarios a su servicio, admiradores que estarían dispuestos a las estrategias más riesgosas con tal de contar siempre con su amistad incondicional. Las definiciones literales que la Real Academia de la Lengua le da es: casualidad a la que se fía la resolución de algo; aquello que ocurre o puede ocurrir para bien o para mal de personas o cosas; estado o condición; cada uno de ciertos medios casuales empleados antiguamente para adivinar el porvenir, encadenamiento de los sucesos considerados como fortuitos o casuales, circunstancia de ser, por mera casualidad, favorable o adverso a alguien o algo.
Los supersticiosos
Margarita lleva cuatro décadas con un dije de elefante trompa arriba colgado al pecho. Atada al talón derecho una cadena que sostiene una imagen en oro de un trébol de cuatro hojas. En su bolso puede faltar dinero, pero no un saquito rojo que contiene un puñado de albahaca para alejar el mal de ojo y las envidias. Gracias a eso, sostiene, siempre se siente protegida. No ha pisado un hospital en casi una década, más que para sanar de una apendicitis que le dio, dice, a causa de los corajes que su marido le sacaba por andar de “coscolino”.
“Yo no creía mucho en los amuletos, pero cuando me empezó a ir como en feria, una vecina me regaló mi elefante; yo siempre la veía muy bien, tranquila, sin penas, y pues se lo acepté. Luego, luego noté la diferencia, así que le entregué mi fe. Poco después mi hija me regaló el trébol y la albahaca me la recomendó una señora que me echó las cartas. A mi esposo le diagnosticaron cáncer de próstata y aunque fue muy duro, casi, casi creo que también la suerte me echó la mano. Andaban tan mal las cosas, era tan volado con una y con otra cada rato, que a mí casi me mataba de los corajes. Ya que murió pues, aunque suene feo, me llegó la paz”, cuenta mientras soba una y otra vez con delicadeza, como agradecida, el elefante.
Cristina casi alcanza los cuarenta. Su vientre abultado revela ocho meses de embarazo. Se sofoca un poco al hablar, pero se esfuerza porque quiere que más personas conozcan las bondades de tener como amiga a la suerte. Hace apenas un año y medio en su familia, de broma, le regalaban jaulas miniaturas, por eso de que era “la cotorra de la casa”. Sabía que no lo hacían por “mala onda”, sino para que se relajara y se le quitara la amargura por no encontrar novio… hasta que una amiga la envió con una lectora de cartas que no sólo le devolvió la esperanza, sino que le dio un poderoso amuleto con el que recuperó su suerte en el amor.
Gracias a la limpia que le hicieron –narra-, al cuarzo rosa, el agua bendita y a las esencias del amor que la adivina le dio, en un mes conoció a Miguel, su ahora esposo y padre del bebé que en un par de semanas podría nacer.
“Mi mamá me dice que no fue la brujería, que más bien ya estaba más relajada y porque yo misma me espantaba los galanes con mi desesperación, pero después de la limpia hasta soñé a Migue (como le dice de cariño) y cuando lo conocí, por un amigo que me lo presentó, sentí que en definitiva la suerte y yo ya nos habíamos reconciliado. Ahora sí te juro que no suelto mi cuarzo, le tengo mucha fe y ya me están preparando otro trabajito para que a mi esposo le mejore el trabajo”, confiesa. Así como Margarita y Cristina, ven los supersticiosos a la suerte. Es tanta su creencia en ella, que a eso atribuyen sus logros o sus fracasos.
Visiones religiosas
Al momento de enfrentarse a creencias religiosas, la suerte entra en competencia. Para los cristianos y los católicos, lo bueno o malo que te puede pasar en la vida depende del camino que ha trazado Dios para cada ser humano. Es la mano de Jesucristo la que pone pruebas difíciles, no la mala suerte; es la decisión de Dios y el seguimiento de sus reglas lo que da bienaventuranza, no los golpes de suerte. En el caso de las religiones, no hay amuletos; las imágenes de santos, vírgenes, símbolos como la cruz y la paloma del espíritu santo hacen la función de protectores. De acuerdo con la visión de cristianos y católicos, si una llanta se te poncha y por esa causa pierdes un vuelo que minutos más tarde sufrió un accidente, tiene su explicación en que Dios consideró que todavía no era tu momento de morir; si sucede al revés, es porque el Señor ya necesitaba tu presencia en el cielo.
Aunque muchas personas han tomado al Buda, símbolo máximo del Budismo, como un objeto para que llegue la abundancia, los creyentes ortodoxos de esta filosofía sostienen que es una deformación “sobarle la panza” a Buda, porque para ellos la suerte no existe, sólo es una ley de causa y efecto. Peter Harvey, en su libro El budismo, señala que Buda no es un dios, mesías o profeta, sino un filósofo que dejó dogmas para erradicar el sufrimiento, la insatisfacción y el descontento personal. Estos dogmas se refieren a seguir un camino que comprende la sabiduría, la conducta ética, el servicio a los demás para alcanzar la felicidad. Según el budismo, toda acción intencionada crea uno o varios efectos que aparecen reflejados en acciones subsecuentes de cada vida (karma). Esto explica esas diferencias por las que los seres humanos tienen una vida más o menos larga, riqueza, belleza, salud o sabiduría. Para los budistas no hay mala fortuna, sólo efectos.
En el caso del Islam, es una religión que basa su dogma en solo dios llamado Alá. Los islámicos se rigen por un libro llamado Corán y los mensajes que Mahoma, el único mensajero de Alá, les transmitió. Pedro Martínez Montávez, estudioso del arabismo, señala que para los islamitas la sumisión a su dios es total, sólo él los puede poner a salvo y les puede indicar su camino en la vida. Suplicar a profetas, muertos, santos, amuletos, piedras, talismanes o cualquier tipo de imagen o deidad es la falta más grave que se puede cometer. Para ellos, tampoco hay suerte que pueda resolver la magia, la astrología o adivinar la quiromancia. Alá tiene todo escrito en una tabla y todo lo que sucede o no sucede es por él. “Todos los acontecimientos sean buenos o malos, beneficiosos o dañinos ocurren por la predestinación y designio de Alá, pero a la vez el ser humano tiene una facultad de elección, mas no total”.
Analistas de la mente
Filósofos y psicólogos tienen también sus propias coincidencias en torno al tema de la suerte. Los primeros la ven como un anhelo de tener garantizado el bienestar personal; los segundos como un reflejo de inseguridad ante la vida, un justificante para no hacerse responsables de los actos que se cometen y sus respectivas consecuencias. En los mercados financieros, los escépticos de la suerte prefieren decir que los exitosos tienen visión de futuro o un talento determinado; señalan que estar bien tiene que ver más que nada con las capacidades personales y estrategias para conseguir lo que se quiere. .
“El problema reside en que nos cuesta mucho entender la probabilidad y por ello seguimos creyendo que lo que sucede no es aleatorio y nos empeñamos en encontrar razones allá donde no las hay”, sostiene Nicholas Taleb Nassim, autor del libro ¿Existe la suerte?
La suerte es un margen de posibilidades de que ocurra un evento, es lo que sigue a la ley de causa y efecto. Si compras un billete de lotería y no ganas, no es porque la suerte se te alejó, sino que coincidió que no elegiste el número que tenía más probabilidad estadística de ganar. Si te dejó el avión o el autobús, no es cosa de suerte, sino que llegaste tarde porque olvidaste prever la casualidad de un accidente, un semáforo descompuesto o un arreglo en las vialidades.
La suerte, aseguran los psicólogos, se la fabrica cada persona, con trabajo, tesón y siguiendo las normas que te pueden hacer una buena persona. Si procuras tener mucho en tu interior, crecer personalmente para dar a los demás, entonces tendrás ese bienestar integral, esa recompensa que te puede dar lo que buscas. Verás como la vida se vuelve hacia ti y eres más feliz.
El secreto
Recientemente un libro y una película empezaron a causar gran revuelo entre los seguidores de las filosofías del desarrollo personal. Llamado El Secreto, este concepto que garantizaba felicidad al descubrirlo, se convirtió en un best seller.
La australiana Rhonda Byrne, autora del libro, asegura que desde los inicios de la humanidad existe una fórmula para alcanzar el éxito en la salud, trabajo, amor, familia, economía y espiritualidad que sólo guardaban personajes ilustres como Platón, Newton, Beethoven, Einstein y Shakespeare. Dispuesta a compartir ese secreto develado, escribió que todo se basa de manera fundamental en algo que se conoce como la Ley de Atracción, la cual consiste en la idea de que las personas atraemos todas las cosas buenas o malas que vivimos. ”Todo lo que está llegando a tu vida, tú lo estás atrayendo hacia ti por virtud de las imágenes que mantienes en tu mente. Es lo que estás pensando”, recita el libro, que además afirma que los seres humanos funcionamos de manera similar a enormes antenas transmisoras enviando y recibiendo diversos mensajes a y del universo, de manera que dependiendo de la frecuencia en la que nos sintonicemos, será el tipo de cosas que recibiremos; por ejemplo, al sintonizar nuestro pensamiento en la riqueza, eventualmente recibiremos riqueza. Y este principio se puede resumir en pocas palabras. Los Pensamientos se transforman en Cosas.
Byrne asegura que el secreto funciona de manera muy similar a la famosa lámpara de Aladino. Tú sólo debes pedir al Universo cualquier cosa y éste te la concederá. Esta afirmación resulta bastante polémica, ya que en apariencia el método es bastante simplista. La autora afirma que el universo no entiende las negaciones, así que no deberás solicitar al universo cosas como "No quiero enfermarme", ya que al ignorar las negaciones, el mensaje será el opuesto a tu deseo "Quiero enfermarme". Este es el problema. “La mayoría de la gente está pensando en lo que no quieren y se preguntan porque esto aparece una y otra vez. La transformación de los pensamientos en cosas tangibles es uno de los principales fundamentos de la Ley de Atracción y del Secreto”.
De acuerdo con El Secreto, si deseas transformar algo en tu vida, cambia la frecuencia de tus pensamientos. Así podrás tener felicidad, salud, riqueza, la casa, el negocio o la pareja que deseas.
Decídelo tú
Los defensores de La Ley de Atracción aseguran que de usarla de forma adecuada, se convierte en una poderosa herramienta, aunque ponerla en práctica no resulta tan fácil, ya que controlar los pensamientos es una de las tareas más difíciles que una persona puede proponerse. Los resultados dependen mucho de la persistencia, tenacidad y paciencia de quien la utilice.
Los escépticos insisten en que una situación donde sales hacia el trabajo y caes en un bache que te poncha la llanta, en la que sacas la refacción y descubres que también está ponchada, en la que tratas de llamar por celular para pedir ayuda y te quedas sin saldo, lo más razonable sería pensar que todo ocurrió por falta de atención, más que por mala suerte o un fenómeno de atracción de malos pensamientos. Al ir distraído no viste el bache y por descuido no revisaste la refacción ni recargar el celular. Lo “bueno” y “malo” le puede pasar a cualquier persona, la diferencia de enfrentarlo es la creencia personal: busco explicaciones lógicas y razonables… o justificaciones para sentirme menos culpable.
La polémica no tiene fin. Habrá argumentos para convencer unas u otras ideas. Dice el refrán popular que cada quien habla como le fue en la feria. Tú tienes ya a la mano distintas posturas, ¿creer o no? Tal cual lo dijo el dramaturgo William Shakespeare en su obra Hamlet: he ahí el dilema.