Elizabeth Taylor: mucho más que una actriz
Escrito por Elena Negri   
jueves, 11 de marzo de 2010
La rutilante estrella fue calificada por los medios como “mayor que la vida misma”
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En Elizabeth Taylor las facetas artística y sentimental son difíciles de separar y la diva ha sabido explotar con maestría su atractivo. Apareció 14 veces en la portada de People (eso sólo lo consiguió la princesa Diana) y tiene el récord de haber salido 11 veces en la de Life. Katharine Hepburn, en su biografía Recordando a Kate, escribió que Elizabeth jugaba a ser la gran diva y algunas malas lenguas comentaron que “solía llegar tarde y sacarte de tus casillas”. Sin embargo, Richard Brooks, que la dirigió en dos ocasiones, afirmó lo contrario. Joseph L. Mankiewicz, director de “De repente el último verano” y de “Cleopatra”, dijo que estaba atenta a las mínimas indicaciones, sin perder la esencia del personaje.

Pasión avasalladora
Fue en el rodaje de “Cleopatra” donde Elizabeth se enamoró del actor inglés Richard Burton, con quien protagonizó uno de los idilios más célebres de la historia del cine. Ríos de tinta corrieron y sus vidas estuvieron en el ojo del huracán. Iniciaron su romance estando ambos casados, lo que provocó un enorme escándalo; incluso un periódico del Vaticano consideró un mal ejemplo y la acusó de “vagancia erótica”.
Burton salió en su defensa, afirmando que ella había tenido sólo cinco parejas, todas conocidas, mientras que otras divas “se acostaban con cualquiera en la primera noche, manteniéndolo en secreto”. Burton sería el hombre más importante de su vida, con quien se casaría y se divorciaría en dos ocasiones. Sus pleitos delante de todos, sus borracheras épicas y sus excesos anduvieron en boca de todos.
Se casaron en 1964 y Elizabeth concluyó con él los trámites de adopción, iniciados con Eddie Fisher, de la pequeña María. La niña, nacida en Alemania, creció junto con los hijos biológicos de la actriz y recibió el apellido Burton.
El mismo año, cuando Elizabeth viajó con Richard a México para acompañarlo durante la filmación de “La noche de la iguana”, ambos se enamoraron de Puerto Vallarta y compraron una casa en el pintoresco puerto, donde se hicieron famosos por sus reventones y por el desfile de estrellas que los visitaban.
A partir de mediados de los 60, la participación de la actriz en el cine fue perdiendo pujanza, aunque tuvo ocasión de intervenir al lado de su esposo en la multipremiada “¿Quién le teme a Virginia Woolf?” (1966), que resultó ser la obra con la que alcanzó la cumbre de su carrera. Se trata, sin duda, del mejor papel de una Elizabeth pasada de peso, que por esta interpretación recibió su segundo Oscar a la mejor actriz. El sarcástico Richard la describió como “gorda codorniz, de la que amo cada kilo”. Ya entonces el rastro de sus excesos se le había grabado en su piel y la actriz tuvo que gastar un dineral en tratamientos y terapias.
Burton la agasajó con fastuosas joyas, como el diamante amarillo Krupp y la Perla Peregrina, que antaño perteneció a Felipe II y fue reproducida por Velázquez. Cuando salió a la venta y la compró el actor, desde España se intentó entorpecer la operación. Sin embargo, es más famoso el diamante Taylor-Burton de 69.42 quilates, comprado en 1969 por 1.2 millones de dólares. Nueve años después, la actriz lo pondría en venta para construir un hospital en Botswana. Hoy en día se piensa que se encuentra en Arabia Saudita.
Además de “Cleopatra” y “¿Quién le teme a Virginia Woolf?” la pareja Taylor-Burton filmó un puñado de títulos no siempre exitosos. En 1974 se divorciaron, pero al año siguiente volvieron a estar en las portadas de la prensa amarillista al anunciar que se casarían de nuevo. El amor les duró poco, ya que al año se separaron definitivamente. Sin embargo, la diva en más de una ocasión ha comentado que le gustaría ser sepultada al lado de su amado Richard, fallecido en 1984.

Tiempos oscuros
En 1976 creyó haber encontrado un nuevo amor y contrajo su séptimo matrimonio con el senador John W. Warner, de quien se separaría en 1982. El político la despojó de su autoestima. “Me hizo sentir una inútil. Zampaba para llenar el vacío de mi vida”, recuerda Elizabeth. La diva había empezado a tomar compulsivamente después de la muerte de Mike Todd.
Cuando se divorció del senador Warner estuvo a punto de casarse con el abogado mexicano Víctor Luna, pero de la noche a la mañana él desapareció de su vida. El nuevo fracaso hizo que su adicción empeorara. Familiares y amigos se sentían incapaces de aliviar su sufrimiento y su aspecto no era ni la sombra de esa belleza que había cautivado al mundo. Cuando fue internada en el Centro Betty Ford tenía 51 años. “Me llamo ElizabethTaylor y soy adicta a los fármacos, las drogas y el alcohol”. Como declaró posteriormente, fue la frase más difícil pronunciada en su vida.
Finalmente se libró de las adicciones, pero sucumbió a las golosinas, hasta que un día se sometió a una de esas dietas milagrosas y perdió 40 kilos. Sin embargo, declaró en una entrevista para Harper´s Bazaar: “Jamás volveré a sufrir hambre. Me encanta comer y disfrutar de todos los placeres”.
En constante busca de un amor estable, en 1991 se casó con Larry Fortensky, un obrero de la construcción 20 años menor que ella, al que conoció durante su estancia en el Betty Ford. La relación resultó ser un fracaso más y se divorciaron en 1996.

Declive, repunte y ocaso
A partir de los años 70, la carrera de Elizabeth decayó porque su deteriorado estado de salud le impedía estar mucho tiempo en los sets. La belleza tiene fecha de caducidad y la época de esplendor había terminado. Sus bonos estaban a la baja y sólo le ofrecían roles de menor lucimiento. Sin embargo, en 1980 compartió pantalla con su amigo Rock Hudson en la comedia de misterio “El espejo roto”, basada en el popular relato de Agatha Christie, que consiguió relanzarla fugazmente en el cine.
Pero en las décadas de los 80 y 90 tuvo que limitar su actividad al teatro y a la televisión. En 1994 volvió al cine, haciendo de la suegra de Pedro Picapiedra en la versión fílmica de “Los Picapiedra”, que fue producida por Steven Spielberg. Fue su última aparición en la pantalla grande.

Vida de película
En 1995 salió al aire la miniserie televisiva “Liz, la diva de los ojos violeta” y la BBC le dedicó un extenso documental titulado “La otra Elizabeth de Inglaterra” (2000). Ella reta con determinación a sus enfermedades, pero tiene las 7 plagas de Egipto: una insuficiencia cardíaca congestiva impide a su corazón bombear con suficiente fuerza la sangre, lo que genera una sensación de fatiga, dificultad al respirar e hinchazón. Tiene dolores de espalda crónicos, osteoporosis, diabetes y reemplazos de ambas caderas, fracturadas por un resbalón en la nieve. Sin contar las neumonías, ha sobrevivido a un tumor cerebral y a un cáncer de piel, superando depresión y bulimia. Ha sido hospitalizada cerca de 100 veces y se ha sometido a incontables cirugías. Lo que siempre ha negado es que esté sufriendo de Alzheimer. Va en su silla de ruedas, pero enjoyadísima y con ropa alegre y colorida, aunque cada vez le cuesta más salir.

Joyas y perfumes
En 2002 publicó el libro Mi idilio con las joyas, donde cuenta anécdotas de su valiosa colección, como la de un anillo de rubíes obtenido por ganar al ping pong. En 2005 creó la Casa de Joyería Taylor y su línea de joyas Frost. En el mundo de la perfumería, durante las últimas dos décadas han llevado su firma Diamonds, Passion, White Diamonds, Diamonds and Rubies, Diamonds and Emeralds, Diamonds and Sapphares y Black Pearls, además de una gama de maquillajes que en conjunto reportan más de 250 millones de dólares en ventas anuales.

Filantropía
La pantalla nos mostró a una Taylor resplandeciente. Años después la vida nos  enseña su otra cara. Nacida bajo el signo de Piscis, Elizabeth siente, es compasiva y generosa, lo que la lleva a apoyar muchas iniciativas humanitarias. Se ha visto involucrada en la ayuda contra el hambre en Asia y África y es una activa luchadora de campañas contra el cáncer y el SIDA. Impactada por la muerte de su amigo Rock Hudson (1985), en 1991 creó la Fundación de SIDA Elizabeth Taylor. Por su entrega fue galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1992.

Esa amiga del alma
Le gusta decir que cuenta su edad por amigos, no por años y afirma tener compañeros del alma. El 25 de junio pasado sufrió una vez más la pérdida de uno de los más queridos: el Rey del Pop Michael Jackson, bautizado así precisamente por ella en 1989. Con una relación muy estrecha, Michael le escribió la canción “Elizabeth I love you”, como regalo de cumpleaños. Ella estuvo junto a él durante el juicio por abuso infantil, apoyándolo. El Rey del Pop le dedicó la canción “Liberian girl”, del álbum Bad e incluyendo una fotografía de ambos en la carpeta del álbum de éxitos de Jackson History.
La artista no asistió al funeral público el 7 de julio, porque se sentía anímicamente incapaz de compartir su pena con millones de personas, sin embargo, llegó en silla de ruedas el 3 de septiembre para despedirse de su compañero del alma en la ceremonia que sus más allegados organizaron para sepultarlo. “Amé a Michael con toda mi alma, no me imagino mi vida sin él -declaró-; fue el amor más puro y generoso que conocí”.

El corazón no envejece
A sus 77 años, la actriz afirma que, a pesar de todo, aún sigue creyendo en el amor. Su cariño crepuscular se centra en el empresario de color Jason Winters, mucho más joven que ella, con el que asegura no habrá boda. Se conocieron en Hawai en 2006, mientras nadaban entre tiburones dentro de una jaula especial y, desde entonces, él la acompaña y está a cargo de la línea de joyería de la actriz.

Lo que queda del día
Después de más de 70 películas y varias series, en 2001 grabó su último trabajo para la TV, junto a Shirley McLaine, Joan Collins y Debbie Reynolds. El reencuentro con Debbie entrañó un interés especial, pues se habían enemistado en 1959 cuando la Taylor sedujo al marido de Debbie, Eddie Fisher. Pero nunca es tarde para una reconciliación y ambas actrices olvidaron viejos rencores.
Elizabeth es un mito y se queda con dos Oscar, más el reconocimiento de la Academia por toda su trayectoria. Además, fue ganadora de un Globo de Oro, un BAFTA y cuatro Golden Laurel. Posee una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y reproducciones en cera en varios museos del mundo. El American Film Institute la calificó como una entre las 5 primeras mejores estrellas femeninas de todos los tiempos. En el 2000 fue nombrada Dama del Imperio Británico por la reina Isabel II. Hay muñecas Barbie que la recuerdan.
Actualmente la diva pone en orden sus asuntos y pasa más tiempo con sus 4 hijos, 10 nietos y algunos bisnietos; apenas sale de su casa de Bel Air, California. Sumergida en el pozo de la fama desde niña, se ha refugiado en el movimiento espiritual Kabbalah y es miembro del Centro de Kabbalah, donde ha encontrado finalmente la paz interior.


*Elena Negri es Doctora en Letras Clásicas. Realizó sus estudios en las Universidades de Milán y Génova, Italia. Actualmente se dedica a trabajo editorial, traducciones y consultorías.

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