“…‘suerte’ es el nombre que se le da a una Ley no conocida: La Ley de Causa y Efecto” El Kybalión.
Gran parte del sufrimiento humano y de la inconformidad que prevalece se deben al hecho de considerar que lo que sucede en la vida es injusto y hasta inexplicable. Muchos se la pasan lamentándose de su “mala suerte” y envidiando la buena fortuna de aquellos a quienes todo parece resultarles favorable.
Visto así, resultaría desquiciante considerar la existencia como un mero fruto del azar. Sería como si la Gran Mente Maestra, Creadora del Universo, en un acto ocioso y hasta cruel, arrojara las cartas para ver a quién le tocan las mejores y quiénes “llegaron tarde a la repartición”…
Sabemos -incluso por los más avanzados estudios científicos- que la Creación está basada en el Orden. Ese Orden se traduce como una Voluntad Superior, manifestada a través de Leyes de exquisita precisión. Ellas hacen posible que cada uno de nosotros, al ser parte del Universo, seamos co-creadores de cuanto ocurre, generando, a veces imperceptiblemente, nuestra realidad. De este modo, siempre estamos experimentando lo que nos corresponde, por voluntad y elección propias. El no darnos cuenta de ello y el ignorar estas Leyes Superiores es lo que conduce al sentimiento de fracaso y a la desesperanza. Entonces inventamos palabras justificantes, como “suerte”.
Ya Isaac Newton, en su tercera ley de la mecánica, afirmó: “A toda acción corresponde una reacción”. Al observar el desempeño de los cuerpos en el plano físico, confirmamos dicha sentencia. Si comprendemos esta verdad nos es más fácil extenderla a los demás planos o dimensiones en los que, como seres humanos, estamos interactuando, conscientes o no.
Así “toda causa tendrá su efecto”; “toda siembra, su cosecha”. Definimos causa como un movimiento de energía. El entendimiento de este Principio se complica cuando -equivocadamente- consideramos una causa o una acción como algo ejecutado exclusivamente con el cuerpo físico: un abrazo, una patada, una labor, un beso, un grito, un asalto, etc…
Olvidamos que somos seres multidimensionales; todo el tiempo estamos moviendo energía desde distintos niveles y cuerpos de creación: el espiritual, el mental, el emocional y, el más evidente, el físico o cuerpo denso-visible. Cada elección de nuestro pensamiento es una onda magnética que se pone en movimiento y que descenderá desde mi mente hacia mi sentir y, finalmente, se materializará en lo que llamamos “la realidad”.
La mancuerna de causa-efecto, acción-reacción, o, si preferimos, elección-manifestación, es la llamada “Ley del Karma”. Lamentablemente, hay quienes prefieren alejarse de este sagrado y ancestral conocimiento por considerarlo “una extraña religión”, “una palabra rara que quizá sea pecado o sinónimo de maldición” o ¡hasta la terminología de una secta peligrosa! No cabe duda que la búsqueda del conocimiento nos va liberando de ataduras, de prejuicios, de la ignorancia que nos hace sentir víctimas y que nos impide avanzar y descubrir todo nuestro potencial.
Aunque sabemos que no existe como tal, si aplicáramos aquí la palabra “suerte”, sería para referirnos al acto consciente y voluntario de buscar respuestas, más allá de los dogmas y de los miedos personales.
Comprender la belleza que hay en los diversos matices de la vida nos posiciona como seres realmente afortunados, nunca más como víctimas sin suerte, sino como diseñadores y escultores de cada experiencia.Y como el conocimiento trascendente es la llave a mejores creaciones y a una vida cada vez más afortunada:
Suerte te dé Dios, que, para estos asuntos, el SABER es lo que más importa…
Rosalba Reynoso Javier es licenciada en Periodismo y Comunicación Colectiva por la UNAM. Diseña e imparte cursos, talleres, conferencias y asesorías personalizadas enfocados al desarrollo integral del Ser Humano. www.nuevoamaneser.com
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