Suele ocurrir que cuando entramos a una etapa de independencia en la vida, dentro de la cual podemos establecer ya nuestras propias relaciones amistosas o amorosas, a los primeros que les decimos “más tarde”, “otro día” o “después” son los amigos más íntimos y la familia. Por alguna razón estamos conscientes de que a la primera necesidad o decepción que se nos presente podremos regresar a resguardarnos en su amor. Pero, ¿por qué nos aceptan después de tantos desprecios? La respuesta son los lazos indestructibles que se forman en el amor fraterno. Hermanos de sangre o del alma, son los incondicionales que no esperan nada a cambio, los que perdonan, los que esperan, los que sufren penas y gozan éxitos ajenos. Son aquellos para los que no existe el tiempo, la formalidad, los celos.
En sentido estricto, el amor fraternal debiera limitarse al afecto que se da entre hermanos por un lazo consanguíneo, sin embargo, de acuerdo con Erich Fromm, en su libro El arte de amar, éste abarca más. Es una actitud y capacidad, no tiene distinción ni detenimiento en diferencias de ningún tipo, nace de un sentimiento profundo y de reconocimiento, debido a la convivencia, la colaboración e identificación. Cuando se ama a quien no se necesita hay amor fraterno; cuando se ama a quien se necesita, hay apego. No se basa en conveniencias, pérdidas, ganancias… sólo en dar. Está también la amistad, un concepto cercano al amor fraternal que se convierte en sentimiento y nace de la necesidad de los seres humanos de socializar. Este amor al prójimo es el que predica la Biblia católica al señalar que todos somos hermanos sólo por el hecho de pertenecer a un mismo creador.
Verónica Orozco Romo, psicoterapeuta, autora de los libros Lazos de amor. Lazos de dolor y Ser padres en cuerpo y alma. La trascendencia espiritual en la familia nos explica cómo es que surgen y se refuerzan estos lazos, dónde radica el secreto para que permanezcan intactos, sanos, indestructibles, hasta dónde llegan sus alcances y cómo pueden afectar o beneficiar nuestra vida.
¿Qué importancia tienen los lazos de amor familiar en la vida de cada persona?
Para el desarrollo psicológico es importantísimo. Esto lo descubren desde los primeros humanistas y en la pirámide de necesidades de Maslow él lo pone como la segunda prioridad del desarrollo del ser humano. Si una persona no se siente pertenecer, no puede crecer como ser humano porque la pertenencia posteriormente le da identidad. Si no pertenece a una familia le va a costar trabajo o no va a poder alcanzar su identidad personal. Pero el pertenecer a una familia va más allá de eso. Ahora con los avances psicológicos se descubre que la pertenencia a la familia es indispensable también para tener salud mental y una buena vida. Una persona que no pertenece en los lazos de amor a la familia, causa un desorden en lo transgeneracional y la familia se ve llena de accidentes o situaciones fatales. Es como un rompecabezas y tu pieza pertenece a él; cuando se ven huecos o piezas fuera de lugar, se refleja en desórdenes emocionales, afectivos, psicológicos y espirituales.
¿Qué fuerza tiene el amor fraternal dentro de este sistema?
El amor filial es de padres a hijos, el amor fraternal es entre hermanos. Primero hay que ver quiénes forman la familia: las personas con lazos consanguíneos, las personas que tienen alguna unión sexual con algún miembro de la familia y las personas que tienen algún involucramiento por medio del dolor o del amor. Estas son las cuatro grandes ramas por las que la familia puede tener miembros. En la consanguínea se toman en cuenta los abortos, los muertos, las ovejas negras, los que te avergüenzan por ser homosexuales o llevar una vida de prostituta; en ocasiones se les saca del sistema, pero en realidad no dejan de pertenecer.
Cuando hay personas que llegan a tu vida, como la familia política ellos empiezan a pertenecer a esa fuerza del alma de la familia. Una vez que alguien tiene el compromiso con otra persona, como un matrimonio o una relación sexual, le permites entrar a tu fluir familiar a nivel del alma, de la psicología y puede alterar el orden de todos.
¿Lo fraternal es indestructible?
Cuando ya tomamos conciencia de que cualquier cosa que hagamos va a trascender, podemos entender que los lazos consanguíneos entre los hermanos son fuertísimos. Lo que hace uno le repercute directamente al otro y a su familia directamente. Hay personas que por lealtad a sus hermanos no pueden ser felices, no se lo permiten. Esos lazos son los más estrechos, lo que hace tu hermano te repercute a ti y a tus hijos y viceversa, para bien o para mal. Los hermanos, en los lazos familiares, son lo mejor que te puede pasar, porque un hermano te ayuda, te salva y siempre está, es el mejor para entender y comprenderte. Es realmente el alma que te puede salvar y siempre estar. Hay problemas de la vida cotidiana, pero esos lazos duran por toda la eternidad, nunca se rompen.
Cuando surgen situaciones como una adopción o un abandono, ¿cómo puedes recuperar esos lazos que no conoces, pero existen?
Una persona adoptada o abandonada, cuando crece y se da cuenta de su realidad, tiene que buscar a su familia consanguínea. Puede usar la técnica de constelaciones familiares, incluirlos en el alma, que es la que no tiene límites ni tiempos. Darle su lugar a la familia de origen y a la que ahora tiene. Hay padres biológicos y padres de crianza y cada uno debe tener su lugar. Lo mismo con los hermanos, hay hermanos de sangre y hermanos del alma.
¿Qué hacer para incluir a alguien nuevo en tu vida sin ser desleal a tus lazos fraternales?
Los lazos no se rompen, es imposible. Lo que ocurre es que ese amor se anuda y ya no fluye. Primero hay que tomar la propia responsabilidad, conciencia de tu trascendencia. Si entendemos que no somos seres aislados, sino que pertenecemos a un grupo, desde ahí cuidaremos lo que hacemos, las decisiones que tomamos. Tomar conciencia de la trascendencia es básico y si es que hay nudos, tratar de sanarlos.
No se puede sustituir a nadie, porque cada alma es única y le debes dar un lugar en tu vida. Si tú tienes una pareja y por azares del destino te divorcias, después llega otra, te casas y enviudas, luego viene un tercer matrimonio que también se pierde y le sigue una cuarta relación… lo que se debe hacer es ordenar en el corazón de la persona a cada uno en su debido lugar. Ninguno se puede sustituir ni olvidar; el orden de cómo llegan a tu vida se debe respetar. Igual pasa con los hermanos: cuando el primer hijo murió y llega otro, ese no puede ser el primero, tampoco debe ocupar su nombre. Esos desórdenes son los que generan caos en las familias.
Pero cuando decides separarte para crear tu propia familia, ¿de qué forma se ordenan las relaciones?
No dejas de pertenecer a una familia; ahora perteneces a dos. Es como una constelación de estrellas, cada una está ubicada en relación a otra. En la familia, cuando alguien quiere independizarse no deja de pertenecer; agrega al grupo otra estrella. Se convierte en una persona interdependiente con su familia; va a tener una relación muy saludable, cercana, de apoyo, sin embargo con la distancia adecuada para que él pueda hacer su propio rompecabezas. Lo insano es cuando la persona no puede porque no ha encontrado su lugar en la familia. No hay paz en su alma, en sus sentimientos, en su corazón y no puede ofrecer una estabilidad emocional a alguien más para empezar una familia nueva. Primero hay que ordenar a la familia propia para que, por consecuencia, esa ficha pueda brincar a otro rompecabezas y crear una nueva en su vida.
¿Cuáles son los errores más comunes que cometemos para sabotear nuestras relaciones fraternales?
Principalmente, menospreciar a alguien de la familia, olvidar, juzgar a nuestros padres y no aceptar el dolor de algún miembro de la familia. La familia existe y cuando tú te sales -tal vez con una buena intención, como buscar tu autonomía o independencia-, lo puedes hacer de una buena manera, teniendo presente en tu corazón a tu familia, sin juzgar a sus miembros, sin quererlos borrar de tu vida, sin quererlos menospreciar. Lo puedes hacer de una buena manera, pero cuando la persona dice ‘no quiero ser como mi papá o mamá’, o se avergüenza de sus hermanos, esa persona vivirá con un tormento interno. A lo mejor en apariencia le puede ir bien en los negocios o en el amor, pero con una familia no, porque nadie puede negar lo que es. Si tú perteneces a una familia de patos, pues vas a ser pato; si perteneces a una familia de elefantes, vas a ser elefante y si reniegas de tu sangre, estás renegando de ti mismo, yéndote en contra de ti; es imposible que puedas tener una vida armoniosa, feliz, en paz.
¿Cómo cultivar y reforzar esos lazos fraternales que se llegan a dar incluso con amigos de la familia que hacen actos de amor por ella?
La mejor manera es… primero, no juzgar; segundo, asumir; tercero, ver lo que es, aunque duela, y abrazarlo. Aceptar a tu familia tal y como es, ver las heridas, el dolor o lo feo y aceptarlo, amarlo. Cada que juzgamos estamos haciendo nudos en la familia, sobre todo no juzgar a los padres. Existe un destino y hay que respetarlo, asumirlo, honrarlo, creer que cada quien podrá con su destino o misión de vida, hay que confiar en que lo que viene es para bien, y hay que estar siempre para ellos, estar a pesar de, no salir corriendo, no huir, estar con toda la valentía. Hay que tener la certeza de que el amor fraternal, en cualquiera de sus componentes –consanguíneos o no- a pesar de cualquier cosa permanece.
La psicoterapeuta Verónica Orozco Romo está por publicar su tercer libro. Puedes contactarla en
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